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Diccionario básico, y aleatorio, de la dictadura guineana

El escritor y ensayista Juan Tomás Ávila Laurel ofrece una disección certera de la dictadura guineana, abordando desde su aguda mirada los diversos elementos que la conforman y sustentan. Se podría decir, pues, que este libro es la narración reflexionada y también amena, de cómo ha echado sus raíces la dictadura en Guinea Ecuatorial. En el texto se aborda, con talante variopinto, a veces sutilmente festivo, los pilares del régimen dictatorial. La transcendencia del mismo hace que sea también necesario abordar las conexiones internacionales del nefasto régimen y la enumeración de otros factores que inciden en su implantación. Ávila Laurel se aventura en la aportación de unas propuestas para luchar contra el sistema dictatorial con mayor efectividad y fortuna que la que se ha tenido hasta hoy. La modalidad de su formato, la de su triple condición de ameno, educativo y necesario, hace que este libro  reúna las condiciones de ser un libro de lectura imprescindible para conocer y comprender el pasado y el presente de Guinea Ecuatorial.

 

LECTOR: EN ESTE LIBRO EL AUTOR, GUINEANO Y CONOCEDOR DE LA PSICOLOGÍA DE LA GENTE DE SU PAÍS, ABORDARÁ con fidelidad, lo que supone crudeza cuando haya crudeza, los grandes ejes de motivación de los guineanos desde que la dictadura se instaló en ellos como su más simple expresión del ser, saber y querer. De hecho, este libro tendría por título Breve tratado de Guinealogia si no fuera porque el término no existe. Esta no es razón suficiente para que muchos intelectuales asustados por su ignorancia la utilicen. Pero no haremos como ellos, y allá quien quiera si no quiere juzgar los asuntos guineanos con el más estricto rigor y seriedad científicos. El abordaje será aleatorio, pero procuraremos que en el tintero quede sólo lo que pueda ser aportado por el amable lector que se adentre en estas páginas. Con esta invitación, hacemos un reconocimiento de la imposibilidad de tocar todos los temas susceptibles de ser comentados, habida cuenta del enraizamiento profundo de la dictadura en la sociedad guineano. La lectura de este libro tendrá doble beneficio: permitirá al lector conocer los temas pilares del régimen de Obiang y contribuirá, con su esfuerzo intelectual, a buscar soluciones para su erradicación. La duplicidad de su mención o aparición nos hace creer que tenemos entre manos un tema de profundas raíces.

FUNCIONARIOS
Los guineanos saben que un funcionario es un empleado del Gobierno, pero que realiza su labor en las oficinas. Los que no trabajan en las oficinas reciben el nombre de los oficios que desempeñan. Lo del apelativo “de Gobierno” es que desde Macías, uno que sí lo fue, pero del Estado colonial español, no se toleraba que el aparato del Estado empleara a ninguno que pudiera remotamente ser crítico con el régimen, que era ya una dictadura atroz. A los “subversivos” no se les podía dar ni agua. De hecho, muchos murieron solamente por exigir que las cosas administrativas se hicieran de acuerdo a las normas.
En Annobón las mujeres se levantan y van a sus plantaciones y luego regresan a casa con lo que consiguen. Una “finca” annobonesa es una cosa única en el mundo, porque plantas yuca en un terreno y deseas que esta pequeña parcela te sostenga durante toda la vida. En toda ella estarán en pie, metidos en tierra, los palos de yuca plantados, a los que acudirás para obtener, cada cierto tiempo, los tubérculos que necesitas para tu sustento. En la misma isla los hombres salen a la mar al amanecer, hacen varios kilómetros a remo y realizan una pesca épica y arriesgada para conseguir unos ejemplares de una fauna rica y variada, pero a la que no tienen casi acceso. Lo de épico está dicho por esto. Cuando regresa la mujer, que habitualmente lo hace hacia el mediodía, es cuando prepara la primera comida del día, que podrían ser alimentos sanos, pero es la cosa más pobre del mundo conocido. Esta comida suele ser trozos de malanga y bananas hervidas. Hacia el atardecer llega el hombre, con la pesca o sin ella, y solamente habrá otra comida si la providencia le ha sabido premiar con algún fruto de la mar. Si viene vacío quizá la mujer ya no encienda el fuego hasta mañana.
Esta breve incursión en el modus vivendi de los annoboneses nos habilita para hablar de cómo se desenvuelven los guineanos en las oficinas, que habitualmente están en la capital y en las capitales de las provincias. Los nativos de otras etnias tienen hábitos consuetudinarios iguales a los de los annoboneses, por lo que sus patrones alimenticios son similares. En las principales ciudades de Guinea los moradores viven como si lo hicieran en sus lugares, de manera que la alimentación diaria de las familias no se hace con ninguna planificación. En la mayoría de las casas guineanas una madre no sabe lo que pondrá al hervir al día siguiente. No faltando los recursos dinerarios en algunas familias, las costumbres ancestrales y las dificultades para conservar los alimentos permiten que lo que se vaya a comer en una casa se elija o se adquiera al día. No hay costumbre ni capacidad para la planificación. Todos se levantan y se van a la finca. De hecho, muchas veces los mercados reciben este nombre.
La necesidad de gestionar el aparato de la administración del país hace que muchos guineanos se empleen como funcionarios,  invirtiendo la antigua costumbre matinal en la procura del sostén diario en labores intelectuales para atender el funcionamiento del Estado. Pero enseguida se produce la asimilación entre finca y oficina, de manera que está arraigada en la costumbre guineana la concepción de que la cabra come donde está atada. Es decir, no se entiende que un mayor de edad salga de casa y vuelva a ella sin nada para asegurar la alimentación. Este es un tema más serio de lo que los observadores creen, porque ahí descansa uno de los temas de más raigambre en Guinea: la corrupción. En muchos casos, es la puesta en práctica de una costumbre. Claro, de ello se resiente la Administración y la buena reputación, quizá, de muchos países africanos.

Este asunto guineano tiene extremos tan serios que suele ser muy difícil para muchos guineanos la permanencia en un puesto donde es imposible hacerse con unos ingresos extra. El Autor conoció el caso de un hombre que renunció a un buen puesto de trabajo, lo abandonó a los pocos días, porque durante el desempeño del mismo no encontró posibilidades de obtener, con cualquier medio, unas ganancias diarias para hacer honor a sus costumbres. Ah, la Administración guineana es meramente formal. Y es que las cosas importantes, o las grandes, se deciden en el palacio grande. Además, el que manda en Guinea sabe que las fuentes de ingreso, lícito o ilícito, tienen que ser repartidas entre los leales. (Ver embajadas) Para cerrar este entrada, debemos aportar el testimonio, no demostrado, de un autor literario a quien un amigo suyo funcionario confesó que los miembros de su cuerpo estarían suficientemente pagados si cobraran al mes mil francos, apenas dos euros. Lo decía por lo escandalosamente poco que trabajaban. Y esto es del dominio público. Los montos percibidos al final del mes en relación a las necesidades familiares es otro asunto de no menos cuantía, y nunca mejor dicho.

 

IDIOTA
Los hay. Hay muchos en Guinea, pero de los que no transciende su idiotez. Y eso porque tienen poder. Esta palabra, idiota, se utiliza sin ningún matiz peyorativo, quede claro. Pero si alguien se quiere apropiar de este matiz para acusar al Autor, es necesario decirles que hay muchos coroneles en Guinea que no han hecho el bachiller. Los generales guineanos que apenas son capaces de leer unas líneas escritas son muchos. Pero está escrito que los seres humanos, aunque fueran negros, y pamues, annoboneses y bubis, se vuelven idiotas si crecen y no acceden a una formación con la que pueden desarrollar la parte no física del ser humano. Hay una corriente de gente amante de África que cree que los africanos son superhombres, que con su particular ciencia serían capaces de resolver sus problemas sin aprender de los demás. Y llegamos a Guinea y vemos el desastre sembrado por los miles de idiotas que la Historia ha permitido que se hagan mayores en Guinea sin pasar por la escuela.
Hace unos días un militar armado, de servicio en una de las muchas barreras innecesarias que hay por toda la geografía nacional, interceptó un vehículo en su puesto. En el mismo había dos mujeres de Camerún que viajaban sin los papeles que hubieran supuesto unas ganancias al responsable administrativo-militar de turno, siempre relacionado con el Poder central. Si en una barrera de estas cualquier persona de Camerún o de Gabón dijera dos palabras, se sabría de dónde es, y sobraría la pregunta necesaria sobre su procedencia. Y no siendo de un país con el que estamos en guerra, no tiene sentido que se esperara que recibiera ninguna vejación. Pues el militar encontró justificable el hecho de descerrajar sendos tiros en la cabeza de aquellas mujeres y evitar el peligro que suponía su entrada en Guinea. Meses antes, un muchacho que no tenía todavía edad mental de ser responsable de nada vio cómo otro decía dos o tres cosas a una chica con la que tenía relaciones sexuales a cambio de protección o de un poco de dinero. Pues el muchacho juzgó ofensivo este hecho y, siendo soldado de la promoción formada por instructores israelíes, encontró las razones para matar a bocajarro al intruso muchacho que se atrevió a requebrar a su amada.
Hay muchos hombres de ciencia que no saben que en su mundillo hay una cosa que se llama edad mental. No creen en él. Y le gustaría al Autor saber cómo justifican estos hechos dramáticos los que todavía defienden la ciencia innata de los africanos.

CAMBIARLO DESDE DENTRO
Hay muchos egresados universitarios guineanos que regresan a su país y viéndolo todo sin hacer, y ante la falta de expectativas, y siguiendo la costumbre impuesta, se afilian al partido del general Obiang para acceder a un puesto de trabajo. Forma parte de las recomendaciones de los egresados la afiliación al PDGE, “como único garante de la estabilidad y la paz”. Pero cuando estos egresados son cuestionados por sus conocidos por lo que consideran una vergonzosa claudicación, una abjuración de sus ideas, el argumento esgrimido es que se meten en el régimen para “cambiarlo desde dentro”. Pero en la periferia de un régimen claramente liberticida, se percatan de su inmovilidad e impermeabilidad a los cambios y estos egresados acaban siendo reclutados para cometer los delitos que antaño denunciaban. Hay sobrados ejemplos incluso de adeptos del “interiorismo” político que militaron en algún partido de la oposición, rindiéndose después ante la evidencia de la solidez de la dictadura, deviniendo más tarde en firmes defensores de la misma. Como son tan descaradamente llamativos, pondremos el caso de un abogado que llegó a ser fiscal general, y que se vio envuelto en sonados casos de corrupción; del caso de otro abogado que llegó a primer ministro y para quien la saña con que atacó a sus correligionarios fue tanta que fue apodado El Pistolero, y de un joven periodista que acaba de ser protagonista de un acto descarado de violación de las libertades públicas dirigiendo el equipo que borró unas imágenes sobre Guinea grabadas por un equipo de la televisión alemana. En el pasado ambos habían sido críticos con las cosas que más tarde pasaron a protagonizar.
Como la presión que se ejerce sobre los individuos y profesionales libres es tanta, es muy difícil en Guinea sostener un pensamiento crítico autónomo. La aludida presión podría no ser ejercida directamente sobre el individuo, sino en forma de otros métodos que coartan las posibilidades de su desenvolvimiento social. Por ejemplo, los individuos manifiestamente críticos no podrían conseguir un empleo en las empresas extranjeras, en cuya directiva local hay siempre notorios hombres del régimen. Estas dificultades impuestas a los disidentes ejercen sus efectos y crea un efecto aleccionador entre los sucesivos egresados, obligándoles a decidir desde el principio a formar parte de una estructura política que hubieran aborrecido profundamente si hubieran mediado otras circunstancias.
No siendo imposible, la dificultad para la derrota de la dictadura es mucha, pues  faltan precisamente los activos intelectuales que sabrían encontrar los argumentos para rebatir y condenar sus propuestas y formas censurables de relación. Con este reconocimiento, podemos decir que en las dictaduras, la inacción de los mismos ciudadanos ante los hechos de los que son testigos crea mártires, esos hombres opositores al régimen que son eliminados sin ninguna transcendencia en la comunidad. El silencio de la comunidad ante una muerte violenta, e injusta, es una prueba inequívoca del enraizamiento pernicioso de la dictadura en ella.


 

 

DERECHO DE PERNADA O LA PÉRDIDA DE LA INOCENCIA
Mientras estas reflexiones estaban en proceso de redacción, una amiga del Autor, que abandonó recientemente Guinea, dijo con cierta rabia, y también tristeza, que había perdido su inocencia. No ofreceremos sus coordenadas vitales y sociales porque no pedimos su permiso. Ha perdido su inocencia. Y es que en su larga estancia en el país ecuatorial, sometido a una dictadura irracional, ha sido testigo de hechos que le hacen sentir una cómplice merecedora del castigo, aunque sea el de su conciencia. Sabe esta española que un hombre latinoamericano iba por su zona de trabajo ofreciendo pequeñas cantidades a los padres de chicas jóvenes, a lo mejor menores de edad, para pasear con ellas en una barca y quebrar su inocencia después o durante el viaje. Lo contó con satisfacción. Él era un turista. Ellos, beneficiarios de unos pocos billetes para matar el hambre de un día para otro. Les daba, dijo, 10 mil francos,  apenas 16 euros. Ella, la hija,  la víctima de una incuria de la que todos quieren sacar ventajas.
Pero en el trato no se especifica que un hombre mayor, extranjero de raza blanca, pagaba aquella cantidad para tener acceso carnal con la pequeña a la que sacaba de la casa paterna. Hacía el desembolso para que los padres se convencieran de lo que dudaran. Lo que pasa es que para convencerse tenían que mirar alrededor.
A través de la misma persona amiga supimos que una señora que no tenía por qué temer por su vida, ni era una mendiga que se dijera, y aparte de que su entorno social no era precisamente un ejemplo de holgura, se enorgullecía de ser la encargada de confeccionar la lista de las mujeres de su comunidad que serían elegidas para la atención sexual de un alto cargo de la  dictadura que también ejercía de ministro de Sanidad. Las mujeres no eran solteras, él no lo era, no era un residente en aquella remota comunidad, pero sí nativo. Por todo ello, y por las primeras razones, podía disponer del favor sexual de las mujeres locales cuando por alguna razón deseaba pasar unos días en aquel lugar. El hombre ya falleció, y por las relaciones profesionales que mantuvimos con compañeros de la profesión sanitaria que ya dejamos de ejercer, supimos que se rumoreaba que aquel infame poderoso era portador del VIH.
Relatada esta historia, podemos decir dos cosas del derecho de pernada. ¿Hablamos antes de las putas? Hace años el Autor escribió un libro pequeño al que tituló precisamente El derecho de pernada. Cómo se vive el feudalismo en el siglo XXI. En el mismo no aportó la novedad de un ministro que podía elegir a mujeres de una lista confeccionada por una funcionaria que no estaba condenada por ninguna pena. Pero sí se describía una situación en la que aquel hecho podía adquirir carta de naturaleza. Por esto no podemos hablar de putas como si fueran mujeres que merecieran, en Guinea, algún estigma.

EL EJÉRCITO GUINEANO
Antes de afirmar que la existencia de un ejército en Guinea no se justifica, diremos que un mínimo rastreo por la historia colonial hispano-guineana puede ofrecer los datos de una utilización de nativos de otros países en la Guardia Colonial. Los datos aportan la inclusión temprana en el citado cuerpo de cameruneses y de krumanes. El motivo de esta inclusión de extranjeros era porque era un cuerpo armado pensado para ejercer labores de represión contra los nativos, una labor que difícilmente podrían ejercer estos nativos si sus familiares eran las víctimas. Y es que al colono, y con sus métodos violentos, no se le tuvo en gran aprecio. Con el abandono o la repatriación de aquellos extranjeros, la Guardia Colonial fue nutrida de nativos de la etnia fang,  debido, entre otras razones, al carácter expansivo de sus hábitos. En comparación con las etnias guineanas, los fang son los menos dados a establecerse en sus territorios de origen, un hecho que tuvo parte en el forjamiento de su carácter, también más agresivo en su interacción con otros pueblos.
Estas características antropológicas fueron aprovechadas por la dictadura de Macías, que desde los primeros años de la independencia ya adoptó un rol claramente represor, igual o mayor que la ejercida por los colonizadores. Fue cuando, con la confianza que confiere la pertenencia al mismo grupo étnico, los fang pasaron a ser las cabezas visibles del ejército guineano. Enraizada la represión en la realidad guineana, los mismos nativos de la región interior de la zona continental pasaron a capitalizar las únicas opciones del mando  del mismo. Y fue así como se produjo la asociación de los fang con la dictadura y con todos los males que representa. Y no es una impresión momentánea y carente de elementos que puedan apoyar su enraizamiento. La apropiación étnica del ejército guineano es real. Entonces, el ejército ya no puede ser nacional. Es el ejército de una minoría, y dicho sea a sabiendas de que los fang son mayoría numérica en Guinea. La dramática asimilación de la dictadura con el ejército hace que en ningún lugar de Guinea los miembros de este ejército sean asociados a algo positivo. Pero donde el ejército guineano es percibido como una fuerza opresora del pueblo es en las comunidades autóctonas no fang. Por la vía del repudio de la dictadura se crea un sentimiento antifang que ningún maquillaje político ha podido evitar. Abortada la dictadura, tiene que ser prioritaria la toma de medidas para dar al ejército guineano el carácter nacional que se merece.
Por su obviedad, no se ha mencionado el hecho de que un cuerpo en cuyas manos está la expresión tangible del poder esté en manos de personas sin una formación mínima que garantice el uso adecuado del mismo. En las actuales condiciones del país, la restitución de la normalidad en el ejército guineano, con introducción de efectivos de las otras etnias, sería un menoscabo tan profundo de la dictadura que la misma se vería reducida a su expresión mínima.

 

ETNIA Y PODER
Una de las consecuencias de la capitalización extrema del ejército llevaba a cabo por los nativos de la etnia fang es que los otros guineanos que no son de esa etnia han elevado repetidamente su voz contra lo que consideran un acto inaceptable de exclusión. Pero no queda el asunto en sólo eso, pues el ejército guineano es el brazo ejecutor de la represión de la dictadura. Esta vía de la asociación de hechos y consecuencias tiene como fin la justificación de los clamores de las otras etnias sobre la segregación que sufren por parte de la oficialidad, hecho que, además, concurre con la agravante de los actos de violencia que sufren.
Este aspecto, comentado en un punto anterior, puede justificar las demandas regionalistas de algún grupo étnico, incidiendo en la posibilidad de plantear una redefinición territorial que asigne a cada integrante de la entidad común guineana la independencia política para regir sus destinos. La sola mención de la idea crea tensiones en la clase política y en la intelectualidad guineanas, considerando tales ideas perniciosas y atentatorias contra la unidad nacional. Paradójicamente, en la actual situación de Guinea, con un régimen que está a las puertas de legalizar el partido único y de conferir un status hereditario al poder del Estado, los intelectuales guineanos y los líderes de la oposición pertenecientes a la mayoría étnica se han alineado con el régimen en la denuncia de los peligros de una quiebra de la unidad nacional. En este estado de postración política, social y moral, todavía consideran que un peligro mayor proyectaría sobre Guinea si la “unidad” no se mantuviera. Al juicio del autor, la laxitud e indolencia en la lucha contra la dictadura arrojan sobre ellos el descrédito cuando claman contra la desmembración del país. En palabras de andar por casa, si les doliera que cada uno tirase por sus fueros propios, bien podrían espabilarse para evitar lo que temen. En un país de tantos idiotas, no sería raro que cientos de ciudadanos que viven en la miseria empuñaran las armas para defender lo que las instancias políticas de la dictadura que los reprime llamarían “unidad nacional”. No sería la primera vez que los desheredados del África más empobrecida se enfrentaran entre sí para defender el poder de los causantes de su miseria.

TEODORO NGUEMA OBIANG, REY
Teodoro Nguema Obiang podría ser el jefe de una pandilla en la que la principal actividad sea la justificación de la tarea de seguir a alguien porque sí, sin que en ello hubiera que hacer grandes planes y, sobre todo, no se mencionara nada que tuviera remotamente que ver con los libros. Pero escribimos así del hijo predilecto de Obiang por lo que hemos visto de su desenvolvimiento en público desde que empezó a aparecer como ministro y como hijo de Obiang. Por todo ello podemos decir que para que alguien sea seguido no hace falta que tenga ninguna dote especial. Y contando con la cantidad de dinero que es capaz de gastar, que Nguema Obiang tenga seguidores de todas las edades no extrañaría. Incluso hemos leído alabanzas de personas desconocedoras de la realidad guineana, quienes se refieren al hijo, merci Nguema Obiang, como la “referencia de la juventud africana” Se referiría a cierta juventud en concreto. Por si acaso, y conociendo la capacidad gastadora de este personaje, tendría muchos seguidores en Douala. Conocemos a cierta cantatriz camerunesa que ha colgado ciertos piropos en un perfil de internet que podría ser el del rico retoño.
Por lo que se ha visto del joven ministro, de quien sabemos que no ejerce esta función, ni sabe ni tiene tiempo para ello, y nadie se queja, tiene mucho miedo de no tener seguidores. Desde pequeño le han metido en la cabeza que tiene que tener a quien le ría las gracias. Tiene muchísimo miedo de no tener la aprobación, la máxima admiración de los demás, y parte de sus actos públicos y privados están destinados a conseguir este propósito. De hecho, sus millonarios dispendios no tienen otra finalidad que este fin. Ítem más, siendo hijo homónimo del cabeza de un régimen basado en la latría pública, mediática y privada, el joven Teodoro tiene razones de sobra para afianzarse en la constante búsqueda de la admiración de la gente de su entorno y de otros espacios que su febril constante vital le animan a adentrarse.


Pero Teodoro Nguema Obiang tiene la desventaja de haber sido criado en un entorno donde la autoridad paterna no se discute ni se somete a ningún tipo de cuestionamiento, aunque él hubiera actuado sin razón, o donde la razón se somete a la fuerza del que manda. Teodoro Nguema Obiang ha tenido la suerte desfavorable de haberse hecho mayor en un entorno donde la impunidad se ha incorporado a las normas aceptables de conducta. Ítem más, con el ejercicio de su derecho de delfín consentido, ha visto cómo, en el extranjero, se ha omitido acciones legales o punitivas contra él por ser quien es. Este hecho le ha reforzado y le ha animado a incorporar la impunidad a su vida, considerándose una persona a la que se permitiría todo lo posible en el país, cuidándose los perjudicados de salir airosos de su cruce con los intereses del malcriado delfín.
Fijada la meta en la reversión de la situación guineana, y teniendo en cuenta la ineludible presencia de Teodoro Nguema Obiang, la desventaja determinante es que no puede desempeñar ningún oficio que le impida la constante exposición pública y privada de sus bienes o logros. Ítem más, no tiene credenciales académicas o técnicas para el desempeño de una responsabilidad que colme sus ansias de ocupar el espacio que sabía que había sido para él creado y en el que ya ha sido iniciado. Teodoro Nguema Obiang no puede ocuparse en nada, salvo a la promoción de sí mismo. Con toda probabilidad, esta imposibilidad de un desempeño profesional futuro es la que movió a la pareja dictatorial, Obiang y Constancia, a pensar que el futuro más prometedor para el hijo está en la jefatura de la dictadura, habiendo dado muestra de asimilar todos los resortes periféricos de la misma. Podríamos estar ante un caso inevitable de sucesión. Sus padres no tienen dónde colocarle para colmar, y calmar, sus ansiedades. El amplio horizonte que da la jefatura de una dictadura con una población sumisa parece lo mejor para él. Salvo una grave desavenencia, no parece que los guineanos puedan evitar que se cumplan los designios de la dictadura. Teodoro Nguema Obiang tiene los papeles para convertirse en el próximo mandatario absoluto de la dictadura guineana.
Ante la creciente posibilidad, e inminencia, de este hecho, hay muchos intelectuales que sacan fuerza de flaqueza y disienten de la opinión general, lanzando a la compartida opinión pública sobre Guinea su optimismo de que la entronización de Nguema Obiang supondría el esperado fin de la dictadura, toda vez que los hechos esbozados arriba, que confirman la incapacidad funcional de este hijo para regir un país, serían la detonante del naufragio del régimen, que sucederá cuando los brazos disconformes del mismo se levantarán para restituir la normalidad y sacudirse la infamia soportada durante  cuatro décadas. Teodoro Nguema no es, como lo creen los de su familia, el garante de su régimen, y su empeño es una noticia que hay que aplaudir, pues supondría una noticia feliz para Guinea Ecuatorial. Creen, pues, que la entronización del conocido delfín sería la noticia que todos los guineanos esperaban.
Pero el Autor, testigo de la dictadura de Macías en carne propia, e individuo adulto en la dictadura de Obiang, quiere recordar a los intelectuales que creen que Nguema Obiang podría ser la causa detonante de la caída de la dictadura que es imposible que fuera permeable a los dictados democráticos una persona de las condiciones conocidas y que haya llegado al poder mediante una entronización. ¿Acaso tendría sentido que aceptara la jefatura de la dictadura y permitiera elecciones libres, en las que asistiera a la contingencia de verse desbancado?
La mención que hacemos de la dictadura de Macías es para afirmar que en un solo año se puede instaurar una represión que tenga más efectos devastadores que en cinco. No es recomendable para los hombres poner su confianza en hechos de los que no hay elementos fiables de predicción. En este caso, el análisis que hemos hecho del entorno vital de Nguema Obiang no presagian la debacle que algunos presienten, incluso llegan a pensar que hay más elementos para creer que Teodoro Nguema Obiang puede asentarse en el poder y procurar los mecanismos para que la suerte de los guineanos siga siendo la misma. Además, los hechos en los que ha tomado iniciativa y protagonismo personal no desmienten de su capacidad de perpetuar las constantes de la dictadura. Por otra parte, la falta de atención sobre ciertos hechos producidos en la cúpula de la dictadura permite que ciertos observadores de la realidad guineana no se percaten del allanamiento del terreno que esta produciéndose para que el asentamiento en el poder transcurra sin dificultades. Por ejemplo, no es casualidad que un “general” que ha sido durante muchos años el responsable, aunque teórico, del Ministerio de Defensa sea nombrado recientemente embajador, y que otros altos cargos del ejército han estado siendo promovidos a puestos civiles.
El perfil personal del delfín del dictador, en el que se destacaría su escasez de formación, augura un masivo trasvase humano con su instalación en el poder, porque no es creíble que una persona de tan escasas dotes permita el medro social o político de nadie que pudiera empañar su influencia sobre los súbditos, de quienes esperaría un reconocimiento superior al prodigado a su padre. Es bien sabido que las necesidades de someter a la población están en razón inversa a las credenciales humanas y académicas del dictador en cuestión.
En cuanto a este tema se refiere, el sentido común permite perseverar en la lucha, a los que ya la habían emprendido, o entablar una lucha tenaz para erradicar la dictadura e impedir su perpetuación a través de la renovación generacional de su cúpula suprema con la entronización de Teodoro II.

 

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